Entrevista a Alumni: Aprende a validar a tiempo 

Pablo Rodríguez Monedero con Cristina Aranda y Sara Alvarellos de MujeresTech

El elemento más valioso de la comunidad de Tetuan Valley es el factor humano. Ya han pasado más de 16 años desde la primera Startup School y nuestra familia no ha dejado de crecer.

Hoy en día contamos con más de 1000 personas dentro de la comunidad. Todos son unos profesionales, dispuestos a ayudarse entre ellos y compartir sus conocimientos. La comunidad de Tetuan Valley cuenta con una gran cantidad de mentes brillantes, enamoradas de lo que hacen y llenas de ideas. Estar rodeado de personas tan motivadas por sus proyectos y por el emprendimiento permite estar contagiado con esa energía positiva constantemente.

En este blog te compartimos la entrevista que hemos hecho a uno de nuestros alumnis de la Edición II. Pablo Rodriguez Monedero no deja de ser una inspiración, ya que su corazón comparte una fuerte pasión por el emprendimiento, pero también por ser actor de improvisación y gran divulgador. 

¿Cómo conociste a Tetuan Valley? Y, ¿recuerdas qué fue lo que te motivó a participar en el programa hace 15 años? 

Siempre he sido programador, pero tenía un interés por meterme a emprender, a crear algún proyecto propio y entonces me veía muy perdido. Empecé a estar al tanto de todas las cosas que se estaban haciendo alrededor del emprendimiento, de la creación de empresas, de nuevas tecnologías. Aunque entonces la palabra “startup” nadie la conocía, e incluso la palabra “emprendimiento” era bastante novedosa.

Me enteré de la Startup School cuando se graduaron los de la primera promoción. La noticia salió en un medio del sector, y entonces fue como, “ah, pues a lo mejor esto es lo que me falta, una formación en la que aterrizar el conocimiento de cómo se monta un proyecto tecnológico”. Entonces me metí en la web y me apunté para la siguiente promoción y tuve mucha suerte de que decidieron apostar por mí y que me admitieran. Y como quedaba un poco raro entrar solo, yo lié a mi pareja de entonces como socia, porque tenía un problema que nuestro proyecto resolvía.

¿Cómo recuerdas tu primer día en la Startup School?

Me acuerdo que Tetuan Valley antes estaba en una oficina súper chiquitita por el barrio de Tetuan. Costó encontrar un poco dónde estaba porque era un sótano. 

Aquello no era la típica formación para emprendedores que a lo mejor podía darte la administración pública. Había muy buen rollo y la gente ahí tenía mucho conocimiento, y te lo transmitía con cercanía. Las mesas estaban puestas en forma de U con todos los equipos viéndonos. Y molaba mucho ver que, a pesar de que cada uno era distinto, había una sensación de que éramos parecidos. Todos teníamos ganas de inventar, de aprender y de ayudarnos entre nosotros. La comunidad que existe ahora ya existía desde el principio.

Estar rodeado de gente que tenía ganas y mucha motivación para poner en marcha sus proyectos, te llenaba a tí también de energía. A lo mejor terminabamos el día cansadísimos, pero seguíamos con ganas de trabajar en el proyecto al día siguiente.

Mi sensación era eso, que éramos todos como una tribu ya desde el segundo día. Y fue como, “aquí, este es mi sitio”. Al final se trataba de encontrar tu lugar con gente que es de tu misma energía, en el mismo sitio.

Si tuvieses que describir tu experiencia en la Startup School de Tetuan Valley con 3 palabras, ¿cuáles serían?

La principal palabra es “intenso”. Y creo que cada año se hacía más intenso.

Por otro lado es “útil”. Porque cada palabra que se decía en la Startup School, cada cosa que se hacía, tenía un porqué y para qué.

Por último, “realista”. No se venden cosas que están sobre un papel o en un libro. No, en Tetuan Valley te muestran el mundo real. 

¿Qué fue lo más valioso que aprendiste en Tetuan Valley?

Mi socia, aunque estaba muy interesada en que nuestro proyecto saliese y me estaba apoyando un montón, en el día a día la implicación era muy alta por mi parte y más baja por la suya, porque ella ya tenía sus proyectos y sus intereses. Entonces, creo que nos vino muy bien para aterrizar conceptos, para aterrizar conocimiento. Pasamos el proceso de formación pero tuvimos muy poco avance en cuanto a MVP, que es uno de los objetivos que siempre se ha tenido en Tetuan Valley: que se salga del proceso de formación con un MVP.

Nosotros teníamos muchas ideas, mucho escrito, muchas cosas flotando, pero no había un MVP. Se nos estuvo insistiendo bastante, aunque toda la parte de presentación y la de definir el producto estaba muy bien fijada, faltaba el MVP. El proyecto nunca se puso en marcha, nunca hubo un MVP para probarlo en el mercado y comprobar que esa idea era una necesidad de verdad.

Cuando salí de la Startup School, seguí intentando ponerlo en marcha, pero pensé en un MVP demasiado grande. No era un verdadero MVP, era un prototipo ya potente, desarrollado. Y esto provocó dispersión porque, por un lado, perdí mucho tiempo y, por otro lado, se me acabó el dinero.

Mi gran aprendizaje de este proyecto fue: haz un MVP, pero un MVP de verdad. Que valide. Que valide como sea. Porque si no, quizás vas a estar remando en una dirección y tienes que pivotar ya y no lo sabes. Así que, no te enamores tanto y valida. 

¿Cómo ha evolucionado tu trayectoria desde que participaste en la Startup School?

Dejé el proyecto, seguí como freelance, pero seguí involucrado en el mundo del emprendimiento y en la parte de tecnología.

Y ahí es donde empezamos el capítulo 2, cuando monté una comunidad de desarrolladores, llamada Betabeers, junto a un amigo.

Para ponernos en contexto, en Tetuan Valley conocí a Miquel Camps Orteza que acababa de entrar en la 3ª Edición de la Startup School y también estaba buscando emprendedores con perfil técnico.

En aquel entonces, todos los eventos de emprendedores tenían más un perfil de gestión de empresa o de marketing. Y en uno de los encuentros que tuvimos, Miquel levantó la mano y dijo “Es que me gustaría conocer a alguien con un perfil más técnico”. A partir de ese momento, todo cogió su propio rumbo. Él nos convocó a todos a los que conoció durante el programa de la Startup School y así nos reunimos 20 personas en un bar de Madrid, donde cada uno contó su proyecto.

Nos gustó tanto el buen rollo que había que propusimos repetir el encuentro el mes siguiente. Un mes después ahí estábamos otra vez, contándonos cómo habíamos avanzado en nuestros proyectos. Entonces nos miramos y dijimos: “pues vamos a hacerlo todos los meses”. Y así, durante años nos juntábamos una vez al mes para compartir ideas entre los emprendedores con perfil tecnológico.

Al sexto mes, decidimos cambiar de espacio e irnos del bar, pero la dinámica siguió siendo la misma. Primero se hacía una charla muy técnica, donde alguien compartía algo de alguna tecnología con la que estuvo “peleando”. Después, había una parte de pitches de proyectos por si alguien se quería incorporar al proyecto, dar feedback o simplemente ayudar. Por último, hacíamos networking con cervezas.

Desde 2011, Betabeers se ha constituido como una reunión mensual de desarrolladores web, app y hardware. La idea era compartir conocimientos, darnos feedback, dar a conocer nuestros proyectos y conocernos entre nosotros.

En uno de los eventos, vinieron unos chicos de Valencia y nos pidieron abrir una franquicia ahí. Y en ese momento empezó nuestra expansión, llegando a estar en 27 ciudades del territorio español y otras 4 en el extranjero.

No obstante, poco a poco fue aflojando en muchas ciudades. Yo tenía otros proyectos abiertos y no le podía dedicar tanto tiempo. Justo cuando íbamos a hacer un relevo generacional en Madrid, llegó la pandemia… Con toda la situación, no pasamos al formato online y ahí se quedó.

Ahora, después de 5 años, quiero volver a recuperar esa comunidad y organizar Betabeers en Madrid. Creo que a todos los emprendedores siempre les viene muy bien tener ese espacio para hacer pitch, para recibir más feedback y para conocer gente del mundillo. Así que estad atentos porque quizás este año Betabeers puede volver.

Volviendo a mi trayectoria, cuando mi emprendimiento no tiró para adelante, estuve un tiempo de freelance y he estado saltando entre trabajar por cuenta ajena y trabajar como freelance. 

He intentado poner en marcha algún que otro proyecto de emprendimiento, en un rol de CTO, pero no terminamos de encajar los socios y bastante pronto decidimos que no íbamos a funcionar. Es verdad que siempre me pica el gusanillo de emprender y sacar un proyecto propio. Por eso quiero que Betabeers reviva, porque es un proyecto que conseguí que funcionara y que todavía puede funcionar.

¿Cuál es tu relación hoy con Tetuan Valley?

Hubo dos ediciones en las que estuve ayudando en la organización de la Startup School. Y, ya que he sido actor teatral de improvisación desde hace casi 20 años, he dado unas cuantas sesiones para los alumnos de Tetuan Valley, sobre cómo hablar en público y hacer un buen pitch.

¿Qué les dirías a los nuevos alumnis como consejo?

Yo animo a la gente que tiene un proyecto en mente a que lo presente a la Startup School. Que aunque no entres en el programa de Tetuan Valley, la experiencia de preparar la presentación y presentar es muy interesante. Además, ya en el proceso de preselección te dan un feedback muy valioso.

Y el consejo para la gente que consiga entrar y tiene ganas de llevar el proyecto a cabo que lo aprovechen a tope. Tienen que aprovechar el aprender, lo que tienen que cambiar y saber cómo evolucionar rápido.

También es muy importante aprender a escuchar y recibir feedback. Que no se pongan a la defensiva. Porque puede que Tetuan Valley os dé un golpe de realidad, pero será para levantaros. Será para que seáis más fuertes y será para retirar todas esas cosas que no funcionan. Todo el feedback juega en tu favor. Así que, que no pierdan el tiempo defendiéndose del feedback. Simplemente toma nota.

Si te interesa leer más historias como esta, en este artículo puedes descubrir cómo fue pasar por la primera edición del programa.


Siguiente
Siguiente

Startup School 26 Kickoff: El programa de incubación para startups early-stage